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Retrospectiva y vista al futuro

Cuando conseguí trabajo conduciendo un autobús hace 35 años, mis amigos y parientes, incluso mis vecinos me felicitaron a pesar de que ellos sabían lo difícil que era conducir un autobús en Nueva York. Dicho sea de paso... aún lo es, en Nueva York o en cualquier otro lugar.

Todos estaban felices, porque conseguí un trabajo sindicalizado. En 1978, eso significaba salarios dignos y buenas prestaciones, seguridad en el trabajo, podría cuidar de mi familia cuando la tuviera, y me jubilaría llegado el momento.

El transporte público era solo uno de los buenos empleos sindicalizados de entonces. Había buenos empleos en el sector manufacturero, en construcción, o como empleado de la municipalidad o del estado, en la compañía telefónica, y en la enseñanza. Todos eran buenos empleos sindicalizados con salarios dignos, buenas prestaciones y un futuro real.

Al igual que la mayoría de nosotros, yo creía que si todos nuestros sindicatos se mantenían firmes en su labor y se encargaban de nuestros asuntos, saldríamos todos adelante y lograríamos tener una vida digna. Así que me dediqué a asegurarme de que mi sindicato, el ATU, se mantuviera firme en su labor.


Vista desde la cabina de mando

Es 2013. No estoy mirando las cosas desde detrás del volante, sino desde la cabina de mando... como Presidente del Amalgamated Transit Union y como Vicepresidente de AFL-CIO. La realidad que veo no es buena para los trabajadores del transporte público ni para los trabajadores en las demás industrias. 

Desde el día que me contrataron, a la fecha, las directivas en todos los sectores de la industria han ido ganando terreno. Hoy en día, un empleo sindicalizado de tiempo completo no es garantía de una vida digna durante décadas por venir como solía serlo, y eso si es que puede encontrar alguno. No estamos avanzando, y si no hacemos algo cuanto antes, nuestros hijos quedarán incluso más atrás.

Solo veo dos opciones para mi generación de dirigentes sindicales. Podemos continuar aferrados hasta que los sindicatos estén completamente derrotados y aplastados, o podemos ser los que le demos vuelta a la situación. Podemos albergar esperanzas de que algunas de nuestras ciudades sean las últimas en privatizar el transporte público o ubicarnos justo en el centro de un movimiento popular que proteja y amplíe el transporte público masivo. Creo que un presidente de local de ATU lo dijo exactamente en una reunión reciente. "Si no detenemos los ataques contra la clase obrera ya no tendremos más contratos para negociar". 

Esto es lo que he aprendido. Ningún sindicato es lo suficientemente fuerte como para ocuparse de todos los asuntos por sí mismo. Ni siquiera pueden hacerlo todos los sindicatos mancomunadamente. Sencillamente, no hay un número suficiente de nosotros. Pero, si todas las personas que necesitan y merecen una vida digna se unen, podremos ser lo suficientemente fuertes. Hoy en día, los sindicatos son los únicos que son suficientemente fuertes para unir a todas esas voces poderosas.


¿Quién decidirá?

Una cosa más. Hacer las cosas como siempre lo hemos hecho nos dará los resultados que siempre hemos obtenido. En 2013 eso no es suficientemente bueno.

Los trabajadores de los Estados Unidos y Canadá están en problemas. Alguien va a decidir qué significará tener un trabajo en el futuro, cómo será la jubilación, qué tipo de educación recibirán nuestros hijos, y a qué clase de vida podrán aspirar. Ya sea los ricos y poderosos o bien las personas trabajadoras lo decidirán. Uno o el otro. Nuestros sindicatos tienen que ser el centro fuerte de organización para lograr una vida digna para cada hombre, mujer y niño en Norteamérica. ATU deberá estar ahí. De eso tratará la Convención de 2013.