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Piratería del asfalto

Cuando a Willie Sutton, uno de los más conocidos ladrones de bancos de los Estados Unidos, se le preguntó por qué asaltaba bancos, presuntamente respondió: “Porque ahí es donde está el dinero”.

Es una frase graciosa y muy conocida, pero el Congreso de los Estados Unidos ha utilizado la “regla Sutton” de una manera que dista mucho de ser graciosa.

Usted sabe que el proyecto de autorizaciones del transporte federal (llamado “proyecto de caminos”) debía expirar el 30 de septiembre. Y el fondo fiduciario de transporte –la fuente de financiamiento vital para las carreteras y el transporte público de los Estados Unidos– estaba a punto de extinguirse.

Esto creó una nueva crisis fiscal que el Congreso debía solucionar antes del receso de verano, el 1.º de agosto.  Como siempre, el Senado Demócrata y la Cámara de Representantes Republicanos estaban en desacuerdo.


Operadores “imberbes”

Una vez que todo concluyó, el Senado acordó un proyecto de nuevas autorizaciones a corto plazo que tenía una disposición de la cámara que financiaba parcialmente el transporte a través de un proceso llamado eufemísticamente “regularización de pensiones”.

La regularización de pensiones es un artilugio fiscal insidioso (que ha sido utilizado anteriormente por los Demócratas) que reduce las contribuciones que los empleadores deben realizar a los fondos de pensión de sus empleados.  Si bien eso aumenta la obligación tributaria federal de los empleadores, resulta menos costoso que pagar un fondo de pensiones adecuado para asegurar el retiro de los trabajadores.

El gobierno federal se beneficia a través de los ingresos públicos incrementados por los mayores impuestos que se recaudan entre los empleadores, los que a su vez reducen la cantidad de dinero destinada a los fondos de pensión de sus trabajadores.

Y, ¿por qué se han concentrado en los fondos de pensión?  Adivinaron: porque es allí  donde está el dinero: el dinero de los trabajadoresA corto plazo, el dinero que realmente le pertenece a los trabajadores se destina a subsidiar al gobierno y a incrementar los beneficios de los empleadores.  Una mejor denominación para este proyecto de caminos podría ser “piratería del asfalto”.


Disparate

No es difícil ver el disparate oculto en este proyecto.

Eventualmente, los empleadores deberán incrementar sus aportes si quieren mantener sus fondos de pensión, lo cual reducirá sus impuestos y reducirá los ingresos públicos del gobierno.  También, inevitablemente, al menos algunos empleadores no podrán reunir el dinero  –lo que privará a sus empleados del retiro que se ganaron y que tenían todo el derecho de cobrar–.  Las pensiones proporcionadas por los empleadores privados se encuentran al menos parcialmente aseguradas por la Corporación de Garantías de Beneficios de Pensiones (PBGC, por sus siglas en inglés); sin embargo, la PBGC desafortunadamente está mal financiada y en peligro de no poder ofrecer todos los beneficios supuestamente "garantizados".

Parece que el Congreso no ha aprendido nada de la “Gran Recesión”.  Todavía alienta a los ricos a jugar peligrosamente con el dinero de los demás.

Esto debería brindarnos un incentivo extra para embarcarnos en una acción de tránsito a nivel local para exigir que el Congreso apruebe un proyecto real de financiamiento a largo plazo que restaure y extienda el transporte público de los Estados Unidos sin que sea necesario recurrir a la “piratería del asfalto”.