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La violencia encubierta

Los acontecimientos de Ferguson, MO, tanto el asesinato de un adolescente desarmado como las secuelas de los disturbios sociales, están teniendo un efecto hechizante sobre personas de todo el mundo. Una columna de Kareem Abdul-Jabbar en la revista Time describe el problema subyacente del que nadie habla en la televisión.


La plataforma para el conflicto

Tenemos que retroceder unos cuantos metros de los hechos que se transmiten por televisión, de esa especulación incesante sobre quién actuó “correctamente” y quién actuó “incorrectamente”. Y no caigamos en la trampa de pensar que se trata solo de un problema racial. Es un problema de clases.

El que sea tan frecuente que se enfrenten en la calle agentes de la policía de la clase trabajadora y jóvenes y mujeres también de la clase trabajadora (pero generalmente desempleados) es producto de un mal mucho más profundo.

Como expresó Abdul Jabbar en la revista Time “A menos que queramos tragarnos también la atrocidad de Ferguson, y que esta que se convierta en nada más que un irritante estomacal para la historia, tenemos que enfrentar la situación no solo como un acto más de racismo sistemático, sino como lo que también es: una lucha de clases”. Y prosigue: “En lugar de unirnos para enfrentar al verdadero enemigo, políticos, legisladores y otros personeros del poder que se la pasan sin mover un dedo, caemos en la trampa de enfrentarnos unos con otros, desperdiciando nuestra energía para luchar contra nuestros aliados y no contra nuestros enemigos”.

Directivos corporativos que operan tras bastidores y políticos inútiles están acabando con nuestros puestos de trabajo en los Estados Unidos, con nuestra esperanza y, por encima de todo, con nuestra unidad. Pero colocamos a la policía en la difícil situación de hacer cumplir las leyes, al tiempo que permitimos que aumente la pobreza en nuestras comunidades.


Despojados de dignidad humana

Si todos los senadores y miembros del Congreso que elaboran las políticas que empobrecen y crispan a nuestro país, y si todos los ejecutivos de Walmart y Koch Industries que menoscaban a los trabajadores y les roban sus pensiones y desintegran los sindicatos, tuvieran que salir a enfrentar a los jóvenes marginados y enfurecidos cuyas vidas han arruinado, por lo menos sería una lucha justa en el plano moral. Pero los verdaderos culpables, las sanguijuelas agazapadas en sus torres de marfil de nuestro mundo, operan tras bastidores. Están provocando la agitación social al arrebatarle a los Estados Unidos su dignidad humana.

Los hechos finalmente saldrán a relucir en Ferguson. Nos enteraremos de quién hizo qué en Ferguson, y por qué. De cuáles fueron todos los motivos. Pero, como en el caso de Staten Island (mi lugar de origen), donde la policía mató a un hombre con una llave al cuello porque cometió una pequeña infracción, si queremos detener la injusticia tenemos que ir a la raíz del problema. Tenemos que exigir que nuestros políticos cambien las prioridades de nuestra sociedad. Tenemos que ver a través del humo y los gases lacrimógenos de Ferguson para entender que Mike Brown y Eric Garner, y tantos otros que se encuentran en conflicto con “la ley”, son personas que tratan de sobrevivir en una sociedad en la que algunos grandes ricos están llevándolas a la edad de piedra económica.

Kareem Abdul Jabbar lo resume así: “No estoy diciendo que las protestas de Ferguson no estén justificadas. Lo están. De hecho, necesitamos más protestas en todo el país. ¿Dónde está nuestro Kent State? ¿Qué se necesita para movilizar a cuatro millones de estudiantes en una protesta pacífica? Porque eso es lo que se necesita para provocar el cambio real.

“La clase media tiene que unirse a los pobres, y los blancos tienen que unirse a los afroamericanos en manifestaciones masivas, para sacar a los políticos corruptos, boicotear las empresas explotadoras, aprobar leyes que promuevan la igualdad y las oportunidades económicas y castigar a los que juegan con nuestro futuro financiero. De lo contrario, lo único que obtendremos es lo que obtuvimos con Ferguson: las expresiones de simpatía e indignación de un montón de políticos y famosos. Si no tenemos una agenda específica, una lista de lo que queremos cambiar exactamente y cómo lo haremos, nos reuniremos una y otra vez junto a los cadáveres de nuestros hijos, familiares y vecinos asesinados”.

Para leer la columna completa del basquetbolista Abdul-Jabbar, visite: http://time.com/3132635/ferguson-coming-race-guerra-clase-warfare/

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